Fotocrédito: La Mezquita Azul - Estambul - ¿Cuartel y bayoneta
Al Ándalus en la 'umma' (*)
Pilar Rahola
España está en el centro de su diana, reinando con la fuerza de un simbolismo atávico, y con tal magnetismo que aglutina en su mítica los sentimientos encontrados que laten en el corazón más oscuro del islam.
Es el califato perdido, el Shangri-La de la umma musulmana, la encrucijada donde la rabia de una derrota secular se fusiona con el sueño de una victoria definitiva.

Desde que los Hermanos Musulmanes de Egipto, a principios del XX, empezaron a tejer la delirante ideología que hoy sustenta al fundamentalismo islámico mundial, Al Ándalus siempre fue la joya de la corona.
No sólo está presente como símbolo atávico. Es, además, el primer deseo de conquista de todo el yihadismo.
Y todo significa todo, desde el magma de Al Qaeda hasta el Abu Sayad de Filipinas, desde la Yamaa Islamiya pakistaní hasta el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino, desde el terrorismo checheno hasta el cachemir, el yemení o el somalí.
Todos aquellos que dedican su vida a la conquista de Occidente para crear un gran califato mundial tienen Al Ándalus como mito primordial.
"Utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia", gritó durante años el jeque Omar bin Bakri desde la mezquita de Londres, y la primera torre simbólica que debía retornar al islam era, sin lugar a dudas, la de la mezquita de Córdoba.
Escribo todo esto porque, aunque nos parezca un cuento de Ali Babá, conforma el universo simbólico actual de miles de personas enroladas en la guerra santa.
Lo primero, pues, que debemos tener claro es que este enemigo huidizo que, sin embargo, tiene una gran capacidad para matar tiene España en el punto de mira sentimental, simbólico y cruento.
Sólo hace falta recordar que, en su primera alocución después del 11-S, Bin Laden reiteró su lucha contra cruzados y judíos y habló de dos objetivos prioritarios: Palestina y Al Ándalus.
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Wordpress:- Osama Bin Laden: Objetivo prioritario…
Si, además, hacemos el trágico recuento de los atentados sufridos, blanco y en botella, somos un target indiscutible: sin sumar el atentado del restaurante El Descanso ¿el primero del yihadismo en España? y la cantidad de islamistas detenidos en operaciones diversas, entre ellas algunas relacionadas con el 11-S, cabe recordar los atentados en Líbano, en Yemen, en el restaurante España de Casablanca y, por supuesto, el mayor atentado islamista de la historia en Europa, las bombas de Atocha.

iparralde: Atentado de Atocha
Todos tuvieron el sello yihadista y todos fueron atentados antiespañoles. Es decir, no somos la periferia de la obsesión fanática de esta ideología totalitaria que quiere conquistar el mundo.
Somos el alma de su encrucijada de sentimientos. Una parte fundamental de su obsesión medieval.
Por supuesto, poco sabemos de lo ocurrido en Mauritania. Pero si se confirman los malos augurios islamistas respecto al secuestro de tres cooperantes catalanes, también se confirmaría la convicción de los expertos de que este secuestro ni sería fortuito, ni sería ajeno a la condición española de los secuestrados.
No olvidemos que la rama magrebí de Al Qaeda hizo un comunicado, en octubre pasado, donde pedía "la liberación de Andalucía" y la recuperación del paraíso perdido.
Granada, en manos de infieles…
La cita del jeque mártir Abdulah Asma es explícita: "La yihad es una obligación desde que Granada cayó en manos de los infieles".
No estamos, pues, en la periferia de esta locura totalitaria que hunde sus raíces en los califas medievales pero usa la tecnología del siglo XXI para promover el terror, sino en el centro de la diana.
La cuestión, ahora, es si sabrán leer la enésima señal de alarma estos bambis multiculturales nuestros, que proyectan una ingenuidad cósmica ante determinadas prácticas integristas.
¿Entenderán lo que está pasando o aún creerán que si se portan bien serán amiguitos? No somos un enemigo más para el yihadismo. Somos la madre de todas las obsesiones.
(*) umma
La Vanguardia. de Barcelona –España 07/12/2009
“Minaretes amables”
Manuel Molares do Val
Recep Teyyip Erdogan, el primer ministro turco, fundador con Rodríguez Zapatero de la Alianza de Civilizaciones y candidato a la adhesión a la UE, reaccionó iracundo contra Suiza por el resultado del referéndum que permitirá erigir mezquitas, pero sin minaretes.

webislam: Rodriguez Zapatero – Erdogan
“Una agresión al islam. Los musulmanes debemos retirar nuestras cuentas de los bancos suizos”, proclamaron quienes rigen Turquía, un país gobernado ahora por islamistas supuestamente moderados donde se dificulta abrir oratorios, incluso caseros, no islámicos
Cuarteles y bayonetas…
Y recuérdese que ese socio de Zapatero dijo en 1999 que “las mezquitas son nuestros cuarteles y los minaretes nuestras bayonetas”.
Un contexto que hace poco atractiva la defensa de los nuevos alminares, porque ya no es sólo la arrogante actitud de Erdogan, sino también la de tantos musulmanes que viven en Europa exigiendo libertades sin mostrar solidaridad alguna con los no musulmanes perseguidos o asesinados en nombre de Alá sus países de origen.
Aparte de la legalidad europea, los mahometanos deberían tratar de ganarse simpatía-empatía de las poblaciones que los acogen: qué menos puede pedírsele a un imán en Suiza que, además de reclamar un minarete, exija públicamente que en todos los países islámicos los cristianos, quienes profesen cualquier religión o los ateos puedan abrir sus centros de reunión y difundir sus creencias, como hacen ellos aquí.
Pero, no. Rechazan esa idea porque el Corán advierte que los infieles no tienen derecho de predicación: no siendo musulmanes, no deben propagar creencias falsas, y menos en tierras islámicas.
Pero el islam sí tiene el derecho de exigir libertad en tierras infieles porque es la única religión verdadera.
Consecuencia: los alminares se verán con simpatía en Europa o en cualquier parte del mundo, y se creerá en la Alianza de Civilizaciones cuando los líderes musulmanes, también Erdogan, proclamen que en toda tierra islámica actual cualquiera puede propagar libremente su fe o su ateísmo.