- Excluye, arranca, destruye…

¡Heil Hugo!: Control Total

Carlos Blanco precisa algunas cosas para que la Oposición no se estrelle en el 2010

Publicado el 27/12/09. a las 1:30 pm
Fotocrédito: monsterandcritics.de

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Anatomía del odio

En los días de Navidad no es útil ni bueno hablar de odio. Sin embargo, dado que Chávez no da tregua ni se la da a sí mismo, hablar de su inquina hacia una porción significativa de sus compatriotas ayuda a entender mejor de qué se trata y hasta dónde puede llegar.

Ha avanzado en el dominio de la sociedad, básicamente porque muchos de los dirigentes de la disidencia no entendieron -durante años- lo vieron como un exagerado, con su tumbao autoritario, pero nunca entendieron que Venezuela estaba en presencia de una operación de control total.

No asumieron -por mala fe o por ignorancia histórica- que Chávez había lanzado una guerra total para apoderarse del país como de su hacienda, en la creencia de representar el retorno de los héroes y de los brujos.

Allí estuvo la debilidad inicial de la resistencia democrática, al ver a Chávez no como el déspota que es, sino como el bocón y exagerado que también es.

● El caudillo ganó tiempo, confundió a muchos de los suyos y de los ajenos, pero siempre en la tesitura de avanzar sin negociar. Los diálogos fueron operaciones de relaciones públicas en sus momentos de debilidad. Esto no se entendió. (NC- Ni siquiera después de los "Acuerdos de Mayo 2003")

La receta nacional-socialista: Excluye, arranca, destruye.

Estos autoritarismos usan la división como una estrategia para facilitar su implantación.
Desde estas líneas se ha planteado cómo Hitler diseñó el brutal exterminio de los judíos.

El antisemitismo rondaba Europa desde siglos, pero a pesar de esta situación, en la sociedad alemana convivían judíos y no judíos, familias, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, novios.

Este escenario no era propicio para los requerimientos de la raza pura de los arios, ante la pecaminosa tentación de la mezcla.

Las persecuciones iniciales de 1933 y 1934 no se hicieron esperar, pero levantaron mucha resistencia;

luego, de modo lento para las exigencias del Führer, comenzó la separación inmisericorde.

Los judíos no pudieron trabajar más en los organismos del Estado, tuvieron que abandonar sus negocios, mudarse a ghettos, identificarse con la estrella amarilla.

Una vez que se arrancó a la comunidad judía de la sociedad de la cual formaba parte integral, vino la persecución generalizada y más adelante el exterminio.

Chávez no se plantea el exterminio físico de los disidentes; de eso se encarga el hampa con chavistas, no chavistas y antichavistas.


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Lo que sí se plantea es su exterminio cívico. Su objetivo es lograr la inexistencia social de millones de venezolanos y lograr, por la vía fanática de la adhesión o la más equívoca del miedo, el control social bajo su puño de hierro.

El odio instrumental

El odio se constituye así en el principal instrumento de relación con el diferente. Desde la perspectiva de la práctica social cotidiana hay dos tipos de seres humanos, y en el caso de los más ciegos solo existen, para unos, los oligarcas escuálidos, disociados y miserables de la oposición, y para otros, los macacos chavistas, como la literatura del odio ya instalado los denomina.

De allí a la violencia física no hay sino la ocasión.

EL SUPREMO JUEZ. Lo que el país presencia es la aparición de un ser que se pretende superior, que concentra en sus manos el destino de todos -especialmente de los suyos-.

Más que presidente es juez, en cuyas manos están bienes y destinos de los ciudadanos. Él es quien arbitra en los conflictos, quien ordena juicios y prisiones; quien libera a los que quiere.

Para hacer esto ha logrado controlar las ramas del poder público; domina el espectro de los medios de comunicación, sea porque se ha apropiado de éstos o porque confisca el tiempo a través de sus cadenas; pero, por sobre todo, el autócrata se ha convertido en un rico faraón, dueño del reino, sin límite alguno.

Le regala a Evo y ahoga a Ledezma; es pródigo con ese impresentable personaje que es Daniel Ortega y asfixia a César Pérez Vivas. Viaja en uno de los aviones personales más costosos del planeta, y se espanta por el sueldo de los trabajadores que quieren aumento.

EL TAMAÑO DEL DESAFÍO. El duelo entre Chávez y la sociedad democrática es inmenso.

Él no quiere términos medios ni concesiones, ni diálogo ni reconciliación, sino exterminio político.

Los que discrepan o se le oponen, dentro y fuera de sus cuarteles, no les queda más que dos opciones: plegarse, acomodarse o, al encontrar la menor ocasión, rebelarse.

No es un problema de valor o cobardía sino de oportunidad. La única condición requerida es saber que Chávez no perdona, salvo cuando está derrotado y quien pide perdón es él.

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